La revolución urbana

La revolución urbana es el proceso por el que pueblos agrícolas crecieron y pasaron a ser sociedades urbanas complejas tanto en aspectos políticos como en el ámbito económico y social. Este término fue utilizado por primera vez por Vere Gordon Childe.

Con esta revolución urbana y la invención de la escritura se deja atrás la Prehistoria y comienza la Edad Antigua.

La ciudad de Uruk, la primera ciudad en todo el mundo

Para él, todos los asentamientos que habían sufrido una revolución urbana en la antigüedad compartían los siguientes diez criterios:

  1. Aumento del tamaño de las asentamientos.
  2. Concentración de la riqueza.
  3. Construcción de obras públicas a gran escala.
  4. Invención de la escritura.
  5. Desarrollo del arte.
  6. Conocimiento de ciencia e ingeniería.
  7. Comercio con otros pueblos lejanos.
  8. Especialistas a tiempo completo en actividades productivas que no sean de subsistencia.
  9. Una sociedad estratificada.
  10. Organización política basada en el lugar de residencia, y no en la familia.

 

El proceso de la revolución urbana

Más tarde, se demostró que estos criterios no eran universales, sino que hay algunos características básicas que sí que parecen ser esenciales en el desarrollo de la vida urbana. Uno de ellos, y con el que existe bastante consenso entre los académicos, es la producción de excedentes.

Los excedentes es la parte de la producción que sobra tras cubrir las necesidades básicas. Durante el neolítico, cada familia cultivaba para tener los alimentos que necesitaban para comer. Pero tras una serie de innovaciones y de adelantos tecnológicos se consiguió obtener un mayor rendimiento de los cultivos, por lo que ahora cada familia tenía una notable cantidad de alimentos que no iba a consumir y que podía utilizar para comerciar.

Gracias a estos excedentes, ya no era necesario que toda la población se dedicara a la agricultura. Así comenzaron las primeras profesiones especializadas, como los guerreros a tiempo completo, y el desarrollo de la cerámica y de la metalurgia.

Con el paso del tiempo, algunas familias se harían más ricas que otras gracias al comercio entre los habitantes de la propia ciudad y con otros pueblos más lejanos. En algún momento, una de estas familias se haría con el control de la ciudad, pasando a ser el monarca, y se apoyaría en la religión para justificar su posición social y la desigualdad de la riqueza.

En este punto, al ser ya un asentamiento mucho más grande que los pueblos de a su alrededor, provoca que haya un flujo de inmigración continuo hacia la urbe principal, lo que asegura el crecimiento de la población.

Para controlar toda esta población, el rey tendría a otras personas trabajando en su palacio, lo que justifica el nacimiento de una nueva profesión, los servicios públicos. Para mantener a estas personas sería necesario establecer un sistema de impuestos, por el que los habitantes de la ciudad donan al rey cierta cantidad de alimentos y este después lo reparte entre los trabajadores que estén a su cargo, entre los que se incluyen también los sacerdotes.

De esta forma, la ciudad se organizaría en torno al palacio del rey o al templo principal y allí se encontrarían todos los artesanos y comerciantes. Mientras que a las afueras y en los pueblos cercanos estarían los agricultores y ganaderos.

Por último cabe destacar que la revolución urbana no fue un acontecimiento puntual, sino que se dio en diferentes puntos del mundo al mismo tiempo, especialmente en Mesopotamia y en Egipto. Además, fue necesario un largo periodo de tiempo para que se completara esta revolución urbana, pues no son cambios rápidos, se consiguieron con el paso de las generaciones.