La religión egipcia

La religión egipcia influenciaba prácticamente todos los aspectos de la vida de los egipcios. Es una religión politeísta, es decir, creían en muchos dioses. Su origen se encuentra en la prehistoria egipcia y duró unos 3000 años.

Este artículo pertenece a la historia del antiguo Egipto

 

Características generales

De entre los más de 700 dioses y diosas en los que creían, con el tiempo unos fueron perdieron importancia mientras que otros fueron ganando popularidad entre los egipcios. Aún así, existían dos dioses supremos que siempre mantuvieron este estatus, el dios Ra y la diosa Isis.

Todos estos dioses eran personajes de mitos egipcios que explicaban el funcionamiento del universo tal y como ellos lo conocían. Estos mitos estaban claramente influenciados por la naturaleza, y en especial, por aquellos acontecimientos que se repetían de forma periódica, como el recorrido del Sol o las inundaciones provocadas por el río Nilo.

De hecho, el Nilo era una de los fenómenos naturales a los que más recurrían. Este río les proporcionaba agua para beber, agua para bañarse y nadar, agua para los cultivos, peces para alimentarse, cocodrilos de los tener miedo y a los que adorar, y una ruta comercial. Dependiendo de la época podía estar sereno y tranquilo o podía ser cruel y despiadado cuando se desbordaba. Por eso no es de extrañar que fuera tan popular en los mitos.

El único cambio drástico que se produjo en la historia de esta religión llegó con el faraón Akenatón. Este faraón prohibió el culto a los antiguos dioses y comenzó una religión monoteísta centrada en el dios Atón.

Tras la muerte de este faraón, se volvió progresivamente a rendir culto a los dioses anteriormente adorados. A pesar de su fracaso, se le considera a Akenatón la primera persona en practicar el monoteísmo.

 

El mito de la creación

El mito de la creación explica que en el comienzo de los tiempos tan solo existía un océano infinito llamado Nun, una gran masa de agua revueltas que contenía todos los elementos necesarios para el desarrollo de la vida y que estaba cubierta por la más absoluta oscuridad.

El dios Atum surgió de este océano, creándose a sí mismo gracias a la fuerza de su poder y de sus pensamientos. Una vez que apareció creó un espacio seco, pues no había ningún lugar en el que descansar, al que llamaría Egipto. Este dios, que no era ni hombre ni mujer, poseía el ojo que todo lo ve, que tenía la habilidad de vagar de vagar por todo el universo.

De la saliva de Atum surgieron su hijo Shu, dios del Aire y su hija Tefnut, diosa de la humedad. A ambos se le asignó la tarea de transformar el caos en estabilidad, ley y orden. Al orden se la llamó Maat y constituía los principios de la vida.

Para ello, Shu y Tefnut tuvieron dos hijos, Nut, el cielo, y Geb, la Tierra.

Geb y Nut se enamoraron. A pesar de que querían estar juntos, Shu obligó a Nut a quedarse siempre por encima de Geb. Nut producía lluvia para Geb, con la que este ayudaba a hacer crecer flores y árboles. Nut también daba a luz todos los días al Sol al alba hasta que en el ocaso moría.

El dios Shu separando a Nut, diosa del cielo, de Geb, dios de la Tierra.

Shu and Tefnut también crearon otras deidades:

  • Isis, Reina de los dioses

  • Hathor, diosa del amor y la belleza

  • Osiris, dios de la sabiduría

  • Nephthys, protector de la muerte

Pero, Maat aún no estaba acabado por completo y el caos estaba por todas partes. Shu and Tefnut se perdieron en Nun. Para encontrar a sus hijos, Atum mandó a su ojo. Tras un tiempo, cuando el ojo volvió con Shu y Tefnut, Atum se puso tan contento que no pudo evitar algunas lágrimas de alegría. Cuando estas lágrimas llegaron a la Tierra se convirtieron en los primeros hombres.

Todas las personas que entonces poblaban la Tierra en el antiguo Egipto estaban obligadas a mantener el equilibrio de Maat. Era deber del hombre cuidar la Tierra y adorar a los dioses. Como recompensa, los dioses los protegerían.

 

La importancia del más allá

Los antiguos egipcios amaban la vida, pero su esperanza de vida no llegaba a los 40 años en su mejor caso. Ellos querían que su vida continuara tras la muerte y creían rotundamente en la preservación del cuerpo y en el aprovisionamiento de bienes esenciales que el difunto necesitaría en el más allá.

Para ellos la muerte era una breve interrupción en la vida de una persona, y si los rituales del funeral se realizaban de forma correcta el fallecido disfrutaría de la vida eterna en los campos de Aaru, el Paraíso de la mitología egipcia.

Cuantas más buenas acciones llevara a cabo una persona durante el transcurso de su vida, más ligero se volvía su corazón. Esto tenía una gran importancia, ya que tras su muerte se celebraba el juicio de Osiris.

Osiris colocaba en un lado de la balanza la pluma de Maat y en el otro platillo, el corazón de la persona recién fallecida. Si el corazón era más pesado, su alma se lanzaba a Ammyt, la devoradora de los muertos, lo que suponía su segunda muerte y el fin de sus esperanzas para alcanzar la condición de inmortal.

En caso de que el corazón fuera más ligero, su alma podía ir a reencontrarse con el cuerpo y vivir para toda la eternidad en los campos de Aaru.

Para que pudieran reencontrarse era imprescindible que el cadáver hubiera pasado por el proceso de embalsamiento.

 

El origen divino de los faraones

Una de las tradiciones más consagradas en el antiguo Egipto era el origen divino de la monarquía. Es decir, que el faraón (rey) no era solo el máximo gobernador de Egipto, sino que además era un dios.

Gracias a esto, los faraones tenían un gran poder y una gran influencia ante sus súbditos. Los egipcios no podían contradecir al faraón, pues debían contentar a todos los dioses.

El origen de este poder, aunque esté justificado por el mito de la creación, puedo originarse a partir de una de estos dos sucesos:

  1. El faraón, temiendo que le quitaran su gran poder e influencia, contó a los egipcios que los dioses le habían dicho que él era su delegado en la Tierra. Esto haría al rey intocable ante los ojos de su pueblo, asegurando su posición en el trono.

  2. Otra opción podría ser que a la vuelta a casa tras una larga ausencia, como puede ser una campaña militar, se encontró a la reina embarazada. Antes que admitir una infidelidad, ella habría dicho que fue un dios quien la embarazó. De esta forma, se aseguraría la sucesión de reyes divinos.

La vida de los antiguos egipcios estaba tan ligada a la religión que cualquiera de estas dos ideas pudo haber sido la causa del origen divino de los dioses, pues nadie hubiera contradicho los deseos de los dioses.

 

Fuentes escritas

Toda la información que tenemos de la religión egipcia se debe a la invención de la escritura. Aunque estaban escritos en jeroglíficos, la piedra Rosetta ha permitido traducir todos estos textos:

  • Textos de las pirámides: una vieja colección de inscripciones religiosas que datan del 3100 a.C. Son inscripciones funerarias que con el tiempo han pasado a formar parte del Libro de los Muertos.

  • Textos de los sarcófagos: incluidos en los textos de las pirámides, estos eran un conjunto de unos 1200 sortilegios que ayudaban a alcanzar la vida eterna.

  • El Libro de los muertos: al contrario que los textos anteriores que se inscribían sobre piedra, el Libro de los muertos se escribía sobre papiro y se dejaba en la tumba junto a la momia. Tenía como objetivo guiar al fallecido hacia el paraíso. No existía un único libro, sino que cada uno encargaba su propia versión y escogía los sortilegios que consideraba más importante.

 

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