La caída del Imperio Romano

Si hablamos de la caída del Imperio Romano nos solemos referir al fin del Imperio de Occidente, cuyo territorio fue invadido por pueblos bárbaros. Este acontecimiento marca el inicio de la edad media y el fin de la edad antigua. Tuvo lugar en el año 476 después de Cristo.

Sin embargo, el Imperio Romano de Oriente sí volvió a vivir épocas de gran esplendor. Esta vez, bajo el nombre de Imperio Bizantino. La caída de Bizancio, su capital, se produjo en 1453.

En este artículo vamos a analizar la caída de Roma.

Este artículo pertenece a la etapa del  Imperio Romano

Caída del Imperio Romano de Occidente

Resulta curioso que Roma no acabase con una gran guerra. O quizás con una revolución de los romanos insatisfechos con las políticas que se estaban llevando a cabo. Todo lo contrario, la ciudad se entregó sin oposición, sabiendo que cualquier batalla se saldaría con una derrota.

Rómulo Augústulo ha pasado a la Historia como el último emperador de Roma. Accedió al poder con 16 años y gobernó durante menos de un año. Su apellido de Augusto fue cambiado por sus detractores a Augústulo, que significa pequeño emperador. Lo cierto es que su actitud no recordaba nada a sus antecesores a los que su nombre hacía referencia. No tenía la determinación de Rómulo, el fundador y primer rey de Roma, ni el carácter de Augusto, el primer emperador romano. Reflejo de una civilización romana, que ya veía muy lejos los tiempos de gloria.

La caída del Imperio Romano de Occidente ha sido un tema muy debatido. Se ha hablado mucho sobre qué factor ocasionó este hecho. Pero lo cierto es que no existe una única causa, sino que hay un conjunto de motivos, relacionados entre ellos, que provocaron la decadencia de la Roma imperial.

Causas de la caída del imperio romano

Causas externas

  • Invasiones bárbaras.

Frecuentemente es señalada como la única causa de la caída del Imperio Romano.

Sin embargo, aquí también entran otros factores como, en especial, la decadencia del ejército, que en varias ocasiones no es capaz de frenar estos ataques bárbaros.

No olvidemos que Roma había luchado contra estas tropas desde la época de Julio César. Es decir, que siempre había existido este problema.

En un principio, estos pueblos bárbaros no deseaban conquistar el Imperio, sino que que buscaban pertenecer a Roma. De ese modo, se beneficiarían de una calidad de vida mejor. Sin embargo, la ineficacia de los gobernantes impide llegar a acuerdos que beneficien a ambas partes. Aunque es cierto que Roma no tenía recursos suficientes para albergar tantos habitantes y proporcionarles alimento. Vemos como ya en la antigüedad se plantean problemas actuales como la inmigración.

En el año 410 nos encontramos con un suceso realmente importante, el saqueo de Roma por parte del rey godo Alarico I. Durante tres días, su ejército saqueó Roma, algo que nadie había hecho durante 8 siglos.

Esto era una clara señal de la fragilidad del Imperio, cuya enorme extensión dificultaba la defensa de todas sus provincias. Este es un resumen de las invasiones bárbaras en Europa.

  • Francia fue arrasada por los vándalos. Después fueron vencidos por los visigodos, quienes se asentaron en el sur de esta región. Los pueblos francos controlaron el norte.
  • A Hispania (la península ibérica) llegaron los vándalos, que procedían de Francia. Sin embargo, los visigodos los expulsaron de la península y se quedaron con el control total.
  • Los vándalos llegaron, finalmente, al norte de África, donde centraron su actividad en la piratería, haciendo del Mediterráneo un lugar inseguro.
  • En Britania se establecieron los sajones, los anglos y los jutos.
  • Por último, en Italia tomaron el control los ostrogodos.
  • La división del Imperio

Diocleciano, y posteriormente, Teodosio buscaban facilitar el gobierno de un imperio tan extenso. Esto resultó ser un gran éxito a corto plazo. Sin embargo, con el paso del tiempo, las relaciones fueron decayendo y no consiguieron establecer una ayuda mutua.

La ciudad de Constantinopla se blindó ante las invasiones con grandes fortificaciones, mientras que Roma quedó vulnerable y desprotegida. De forma indirecta, el Imperio Romano de Oriente desvió las invasiones bárbaras hacia el occidente. Era mucho más difícil vencer a los romanos orientales.

  • Cristianismo

Algunos historiadores sugieren que la introducción del cristianismo como nueva religión oficial en sustitución del anterior politeísmo pudo haber transformado los antiguos valores romanos. Esta teoría ha sido ampliamente criticada.

Causas internas

  • Problemas económicos

La carga de trabajo de Roma estaba sustentada principalmente por los esclavos. Gran parte de estos esclavos eran prisioneros de guerra. Además, los lujos que engrandecían a los romanos se podían costear gracias a los tesoros conquistados a otros pueblos.

El problema llegó cuando las conquistas pararon en el siglo II. Roma entró en una gran crisis financiera. Ya no había un flujo constante de oro, plata y otros tesoros. Tampoco llegaron suficientes esclavos para trabajar los arados. La producción de la agricultura disminuyó, y los alimentos comenzaron a escasear en los últimos años.

Por otro lado, en el siglo V, los vándalos establecieron la piratería en el Mediterráneo. El comercio se vio debilitado, ya no podían negociar con otros pueblos para conseguir alimentos.

  • Corrupción e inestabilidad política

El extenso territorio que había que gobernar era un serio problema. El cual se complica aún más si los emperadores son ineficaces. El puesto de emperador se convirtió en una sentencia a muerte, pues la gran mayoría accedían al trono cuando su antecesor era asesinado, especialmente en los dos últimos siglos.

  • Debilitamiento del ejército

El ejército romano había sido la envidia de toda las civilizaciones del mundo antiguo. Pero el tiempo había pasado, y las diferencias con aquellos tiempos gloriosos eran gigantes. En los últimos siglos los ciudadanos romanos ya no estaban por la labor de servir en el ejército. Por eso, emperadores como Diocleciano o Constantino decidieron contratar a mercenarios bárbaros para paliar las bajas militares. A pesar de que eran fieros guerreros, no eran leales al Imperio, y muchos de ellos también lucharon en contra de los romanos apoyando a otros pueblos.

Además la gran extensión que debía proteger el ejército requería grandes inversiones económicas, que agravaron la crisis económica que estaba viviendo el Imperio Romano.

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