El Imperio Romano

El Imperio Romano ha sido la estructura social y política que más se ha extendido en el panorama occidental. Comenzó cuando Augusto se convirtió en el primer emperador de Roma. El Imperio alcanzó el momento de mayor expansión en el año 117, bajo el gobierno de Trajano.

Sin embargo, casi dos siglos más tarde, el emperador Teodosio decidió dividir el Imperio en el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente. El último emperador romano fue Rómulo Augústulo, quien fue vencido por un rey germano en el año 476. Al este, continuó como el Imperio Bizantino y alargó su historia hasta 1453, cuando los turcos otomanos tomaron la capital Constantinopla, actual Estambul.

Este artículo pertenece a la  historia de Roma

Alto imperio

Dinastía Julio-Claudia

En el año 27 a.C Octavio, nieto de Julio César, accede al poder y se convierte en el primer emperador de Roma con el nombre de Augusto César. El Senado le concedió poderes militares y políticos como agradecimiento, ya que había vencido a sus enemigos políticos y había conseguido la estabilidad que necesitaba la ciudad tras los últimos años de república.

Augusto comenzó grandes proyectos urbanísticos en la ciudad, como el Panteón, realizó importantes reformas en las leyes de la ciudad, reforzó la seguridad en las fronteras romanas y lo más destacado, garantizó a Roma un puesto entre las civilizaciones más poderosas de toda la Historia. Además, inició un periodo conocido como Pax Romana, unos 200 años en los que la estabilidad política en el interior y la seguridad exterior ante posibles invasiones permitieron que el Imperio Romano se desarrollara en su máximo esplendor.

A la muerte de Augusto, llegó al poder Tiberio, quien continuó con las políticas de su antecesor. Sin embargo, no tenía el carácter decidido que definía a Augusto. Esto se repetiría en los sucesores de esta dinastía, con los siguientes emperadores: Calígula, Claudio y Nerón. Estos cinco primeros emperadores se conocen como la dinastía Julio-Claudia por los nombres de los que descienden, ya sea de forma natural o por adopción.

A pesar de que Calígula ha pasado a la Historia como un emperador déspota y depravado, en sus primeros años de reinado apostó por ser un gobernante justo y generoso, al igual que su sucesor, Claudio, quien expandió las fronteras del Imperio en las islas británicas. Menos fructífero fue el reinado de Nerón, cuya popularidad cayó por los suelos tras el incendio de Roma. Los propios romanos acusaban a su emperador mientras que Nerón culpaba a los cristianos, una comunidad con muchos seguidores ya por aquel entonces.

Ambos Calígula y Claudio fueron asesinados en sus palacios. Nerón se suicidó, acabando con esta dinastía y dando paso al año de los cuatro emperadores.

El año de los 4 emperadores

Estos cuatro emperadores fueron Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano. Tras el suicidio de Nerón, Galba asumió el poder. Inmediatamente se comprobó que no estaba preparado para tanta responsabilidad y fue asesinado. Ese mismo día le sucedió Otón, quien se pensaba que sería un gran emperador. Pero, el general Vitelio quería llegar a ese puesto y, con un poderoso ejército, comenzó una guerra civil.

Esta guerra acabó con el suicidio de Otón y el ascenso al trono de Vitelio. Este último comenzó una serie de banquetes y fiestas que llevaron al Imperio a la quiebra. Finalmente fue asesinado por uno de los hombres de Vespasiano. El mismo año en que Galba había accedido al trono, Vespasiano lo ocupaba.

Dinastía Flavia

Vespasiano inició una dinastía que se caracterizó por grandes proyectos de construcción, prosperidad económica y expansión del Imperio. De hecho, fue Vespasiano el que encargó la construcción del Anfiteatro (el famoso Coliseo), aunque se completó durante el reinado de su hijo Tito. Tito también vivió la erupción del Monte Vesubio en el año 79 y el incendio de Roma en el 80.

A pesar de esto, todas la fuentes antiguas coinciden en alabarle por su más que correcta forma de combatir estos desastres. Un año más tarde murió a causa de la fiebre. Le sucedió su hermano Domiciano, quien:

  • Reconstruyó Roma tras el incendio,
  • Expandió los límites romanos,
  • Continuó los proyectos de construcción de edificios públicos de su hermano,
  • Y mejoró la economía.

Pero su política autoritaria le hicieron impopular y fue asesinado en el año 96.

Dinastía Antonina

El sucesor de Domiciano fue Nerva, su tutor, dando inicio a la dinastía Antonina. Este periodo está marcado por una prosperidad en constante aumento. Gracias, especialmente, a una serie de emperadores conocidos como los cinco buenos emperadores: Nerva, Trajano, Antonino Pío y Marco Aurelio.

Bajo su mandato, el Imperio Romano consiguió ser mucho más poderoso y estable. Durante el reinado de Trajano llegó a su máxima expansión. El último sucesor de esta dinastía fue Cómodo, quien resultó ser uno de los peores emperadores que Roma jamás conoció. Su reinado se puede resumir en complacer sus propios caprichos a costa de la economía romana. Cómodo fue asesinado en el año 192.

Dinastía Severa

Tras un año conocido como el año de los cinco emperadores, llegó al poder Septimio Severo, inaugurando la dinastía Severa. Este emperador contribuyó a agrandar el Imperio, pero sus campañas resultaron muy caras, lo que causó graves problemas financieros en Roma. Le sucedieron sus dos hijos, Caracalla y Geta, hasta que el propio Caracalla asesinó a su hermano. Durante su reinado se concedió la ciudadanía a todos los hombres libres que vivieran en el Imperio Romano. Esto no fue más que una medida económica, ya que así podía cobrarle impuestos a todas esas personas que antes no pagaban. Murió asesinado por su guardaespaldas.

Otros emperadores de esta dinastía fueron Macrino y Heliogábalo. Finalmente llegó al trono Alejandro Severo, quien fue dejando progresivamente el poder a su abuela Julia Mesa, a quien se atribuyen realmente las decisiones tomadas durante su reinado. Tras el asesinato de Alejandro Severo, el Imperio Romano se sumió en un periodo oscuro y caótico conocido como la Crisis del Tercer Siglo.

El bajo Imperio

Crisis del siglo III

Esta etapa se caracteriza por numerosas guerras civiles, en las que líderes militares luchaban por tomar el control del Imperio. Esta crisis, que duró unos cincuenta años, causó grandes disturbios sociales, inestabilidad económica y la división del Imperio Romano en tres regiones: el Imperio Galo, el Imperio Romano y el Imperio de Palmira.

La tretarquía

La crisis del siglo III terminó en el año 285, cuando el emperador Diocleciano consiguió volver a unir los tres Imperios anteriores. Sin embargo, pensaba que sería imposible mantener el orden en un territorio tan extenso. Por eso estableció la tetrarquía, por la que gobernaban cuatro personas.

El Imperio se dividió en Imperio Romano de Occidente e Imperio Romano de Oriente. Cada uno de ellos estaba gobernado por un Augusto y un César, que controlaban territorios diferentes.

Constantino y el cristianismo

A la muerte de Diocleciano, este sistema se vino abajo. Constantino, hijo del César de Occidente, reunificó el Imperio y trasladó la capital a Constantinopla, antigua ciudad de Bizancio.

Constantino estaba convencido de que Jesucristo le había ayudado a conseguir su victoria por el control absoluto del Imperio. Es por eso que redactó leyes como el edicto de Milan, en el que se preservaba la tolerancia religiosa. Constantino reestableció la seguridad en el Imperio Romano, reformó el ejército y mejoró la economía. Además, agrandó y embelleció la ciudad de Bizancio, que pasó a llamarse Constantinopla en su honor.

Cuando Constantino murió, sus tres hijos lucharon por ser el heredero de todo el Imperio. Dos de ellos murieron en combate, y el otro hermano murió al poco tiempo. La responsabilidad de gobernar el Imperio Romano en su totalidad recayó en su primo Juliano, quien tan solo reinó por dos años. En ese corto periodo se declaró pagano y tomó acciones en contra de los cristianos. Por ese motivo, se le conoce como Juliano el Apóstata.

Le sucedió, por poco tiempo, Joviano, quien era cristiano y reestableció la importancia de esta religión en el Imperio Romano. Le sucedió el emperador Teodosio, que continuó con las reformas religiosas promovidas por su antecesor. Estableció el cristianismo como religión oficial y persiguió a las personas que seguían creyendo en los antiguos dioses. Durante este periodo se cerraron escuelas y universidades, como la academia de Platón. Al parecer, este emperador se centró tanto en temas religiosos que se olvidó de las otras tareas típicas de un emperador. De hecho, fue el último en reinar, por completo, el Imperio Romano.

A su muerte entregó el Imperio Romano de Oriente a su hijo Arcadio y el Imperio Romano de Occidente a su hijo Honorio. Esta vez, la división del Imperio fue definitiva.

La caída del Imperio Romano

Tras la división, el Imperio Romano de Occidente tan solo duró unos cien años más. Fue invadido por pueblos bárbaros. El Imperio Romano de Oriente continuó escribiendo su propia historia mil años más, bajo el nombre de Imperio Bizantino, siendo la civilización más destacada de la Edad Media.

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