El Imperio Bizantino: Imperio Romano de Oriente

El Imperio Bizantino es el heredero del Imperio Romano en la Europa oriental. Su larga historia comprende desde el siglo IV hasta el siglo XV. En todo ese tiempo, el Imperio alcanzó su época más glorioso baja el mandato de Justiniano.

Este artículo pertenece a la Edad Media

 

Origen del Imperio Bizantino

En el año 395 a.C, el emperador romano Teodosio dividió el Imperio para entregárselo a sus dos hijos. Honorio recibió la parte occidental y Arcadio, la parte oriental. De esta forma, Teodosio pensó que sería más fácil defender un territorio tan extenso.

Unos años más tarde tuvo lugar la caída del Imperio Romano de Occidente, concretamente en el año 476. En cambio, el Imperio Romano de Oriente, que estableció su capital en la ciudad de Constantinopla, sí que tuvo un futuro mejor y pudo perdurar hasta diez siglos más con el nombre de Imperio Bizantino.

 

Constantinopla

En el año 324, el emperador Constantino fundó una nueva ciudad sobre Bizancio, una antigua colonia griega y que, en épocas posteriores, dio nombre a este imperio. En tan solo seis años la restauró y la embelleció, consiguiendo un resultado que no tenía nada que envidiar a Roma, ni en tamaño ni en belleza.

A esta ciudad le dio el nombre de Nueva Roma y trasladó allí la capital del Imperio Romano. Sin embargo, este nombre no caló entre el pueblo y fue más conocida como Constantinopla, que significa ciudad de Constantino.

Constantinopla estaba situada en el estrecho del Bósforo. Un lugar estratégico para el comercio, pues es el punto de encuentro entre Europa y Asia. Todas las rutas comerciales de la Edad Media pasaban entre estos continentes pasaban por ella. En la actualidad esta ciudad recibe el nombre de Estambul.

En el siglo V, el emperador Teodosio II, segundo emperador del Imperio Bizantino, protegió a la ciudad de Constantinopla con una increíble muralla de tres muros y doce metros de altura. Tenía 96 torres de vigilancia repartidas a lo largo de sus 19 kilómetros de longitud alrededor de la ciudad. Unas excelentes características que convirtieron a Constantinopla en una ciudad inexpugnable.

Reconstrucción virtual de las murallas

 

Justiniano

El emperador Justiniano llegó al trono en el año 527 con una clara idea en mente. Solo podía haber un poder político para todos los reinos cristianos, como ocurría durante los últimos años del Imperio Romano.

Llevó a cabo una gran política expansionista con el objetivo de recuperar todo el territorio de los gloriosos días del Imperio Romano. Para ello se apoyó en sus dos generales de confianza, Belisario y Narsés. A los territorios heredados añadió la península Itálica, el norte de África, las islas de Córcega y Cerdeña, las Islas Baleares y una parte del sur de la península Ibérica.

Pero las campañas eran muy costosas, y la decisión de recaudar más dinero subiendo los impuestos casi le obligó a marcharse exiliado. El Imperio se sumió en una profunda crisis, a la que no ayudó una epidemia que mató a un tercio de la población de Constantinopla. Fue conocida como la peste de Justiniano.

Finalmente, en el año 565, la muerte de Justiniano acabó con la época más gloriosa del Imperio Bizantino.

 

El Imperio Bizantino tras Justiniano

La crisis heredada de Justiniano, unida a unos emperadores con pocas habilidades para gobernar un Imperio tan importante, llevaron a este Imperio a un periodo conocido como la época oscura, durante los siglos VII y VIII.

Las invasiones por parte de otros pueblos no pararon. En la parte occidental estaban los reinos bárbaros. Las provincias orientales luchaban contra el Imperio Persa. Y además, surgió un nuevo competidor. Los musulmanes se hicieron con Siria, Palestina y el norte de África, convirtiéndose en unos adversarios muy temidos. El Imperio quedó reducido al sur de Italia, Asia Menor y Grecia.

La decadencia del Imperio Bizantino comenzó en el siglo XI cuando los turcos se hicieron con los territorios de Asia menor.

 

Organización del Imperio Bizantino

El Imperio Bizantino estaba influido tanto por los romanos y los griegos como por las costumbres orientales. Ellos se sentían descendientes de los romanos, pues eran el Imperio Romano de Oriente. A pesar de ello, el idioma oficial era el griego y también se sentían muy orgullosos de sus antepasados helenos.

Organización política

El emperador recibía el nombre de basileus, una palabra griega que significa rey. El sistema político era la teocracia. El emperador o basileus ejercía la voluntad de Dios, por tanto era líder del Imperio y de la Iglesia, y podía designar a los patriarcas o obispos. El territorio estaba dividido en provincias llamadas themas.

Organización económica

La principal actividad económica desarrollada en Constantinopla era la agricultura. También, por su ubicación geográfica, se desarrolló el comercio de una forma excepcional. En los mercados de esta ciudad se podía encontrar artículos de cualquier punto de Europa y de Asia. Gracias a esto, la artesanía se producía para la exportación.

Organización religiosa

Desde un principio, la religión oficial era el cristianismo. Sin embargo, con el tiempo las relaciones entre Roma y Constantinopla se fueron deteriorando.

Un ejemplo de ello fue el movimiento iconoclasta, que pedía la prohibición del culto a las imágenes. Algunos emperadores apoyaron este movimiento, pero el Papado de Roma no estaba de acuerdo con ello. Finalmente, este movimiento fue derrotado.

Finalmente, en 1054 se firmó el Cisma de Oriente y Occidente. Occidente reconocía como líder al Papa de Roma y Oriente, al patriarca de Constantinopla, comenzando el cristianismo ortodoxo.

 

Caída del Imperio Bizantino

La caída de la ciudad de Constantinopla se produjo en el año 1453, tras los continuos ataques persas, lo que puso fin a más de diez siglos de Imperio Bizantino y terminó con la última herencia del Imperio Romano. Esta fecha es muy importante, pues para muchos historiadores marca el fin de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna.

A pesar de que la decadencia del Imperio era evidente, este hecho supuso un duro golpe para el resto de europeos, pues ahora las puertas de Europa estaban abiertas. Los turcos tenían vía libre.

 

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